LA Priest habla sobre el proceso de creación de su música y cómo, sin pensarlo, hubo algo en la sonoridad de Latinoamérica que finalmente se impregnó en sus notas.
Sam Eastgate, mejor conocido como LA Priest, lanzó en agosto de 2026 su álbum Into the Sky. Una propuesta electrónica, melódica, donde se desafió a sí mismo para buscar un rumbo distinto a sus trabajos anteriores.
En encuentro consigo en la música de LA Priest
El músico y productor británico publicó su cuarto álbum de larga duración. Un viaje sonoro repleto de teclados envolventes, una voz dulce y beats relajados.
Into the Sky cuenta con 10 canciones. Las cuales podrían musicalizar una tarde de verano o un domingo en casa. Tal vez un paseo en carretera o un momento para relajarte.
El proyecto nació de la idea de utilizar samples de discos de soul antiguos. Principalmente de los años 1980 y 1981. Materiales de la época que se prestaban para crear música bailable, contó Eastgate.
Quien además detalla que durante la pandemia sólo le quedaba bailar improvisadamente en casa con su familia, en especial con sus hijxs. Para hacer algo de ejercicio y soltarse al ritmo de las melodías.
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Fue en ese entonces que decidió hacer “música que hiciera subir el ritmo cardíaco”. Aunque finalmente los samples quedaron descartados. Para encontrar su propio camino en esa vuelta a las notas de otros tiempos.
“Me di cuenta que, aunque sonaban divertidos, no reflejaban realmente mi esencia. Ya no lograba reconocer mi propio sello en lo que estaba haciendo. Eso me llevó a comprender que, cuando busco esa misma energía pero soy yo mismo quien toca los instrumentos, es entonces cuando mi identidad queda plasmada en la música”, explicó.
“Tuve claro lo que debía hacer. Sentarme a cantar y tocar el teclado, y seguir así hasta que todo encajara”, agregó.
La belleza de lo inesperado
De ahí que en su álbum predomine una variación infinita de notas de teclado. LA Priest entrega así en Into the Sky una música robusta y simple al mismo tiempo. Fácil de digerir, bailable y detallada entre cada beat.
De acuerdo con el músico, ahora utilizó menos de tres instrumentos para hacer todo el material. Como mejor ejemplo de esta intención se escuchan “Rayon”, “Ever No”, “Can’t Get Enough” e “Into The Sky”.
“Todo reside en esa chispa inicial; para mí, esa es siempre la mejor parte. A veces, simplemente quiero estar componiendo canciones nuevas todo el tiempo; es algo sumamente adictivo, así que, obviamente, lo disfruto muchísimo”, expresó.
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“Es ese primer instante en el que tocas una nota, cantas otra, y luego es como un rompecabezas. Vas encajando las piezas y ves cómo algo empieza a tomar forma. Como aún no está terminado, resulta incluso más emocionante imaginar hacia dónde podría evolucionar. Hay algo inigualable en eso”, mencionó Eastgate.
Aunque también reconoció que el proceso de retarse a sí mismo siempre es difícil. En la búsqueda de una fórmula distinta, para crear universos diferentes todo el tiempo.
“Aunque el proceso resulta sumamente complicado y traicionero durante las primeras canciones, el hecho de ir descubriendo una nueva cima —de estar escalando una nueva colina y tratar de localizar su cumbre— es, en realidad, lo que le otorga su energía al álbum”, afirmó.
Lo que Latinoamérica le dejó a su música
Sam Eastgate vivió un tiempo e hizo música en México y Costa Rica. Por lo que le preguntamos si algo de la sonoridad de ambos países se coló en sus proyectos.
“Cuando la gente me preguntaba: ¿Te has inspirado en la música local? En aquel momento, sentía que en realidad no era así. Pero era porque, entonces, no era consciente del efecto que eso estaba teniendo en mí, ¿sabes?”, comenzó a narrar.
“Escuchaba música que venía de las casas de los alrededores; por ejemplo baladas, canciones pop muy conocidas que yo no conocía. Recuerdo pensar: No creo que esto esté influyendo en mi música. Pero, con el tiempo, te das cuenta que claro que sí”, dijo el instrumentista.
“Tu mente descompone y fragmenta todo lo que te rodea. De hecho, creo que es incluso mejor no entender del todo lo que estás escuchando. Para mí, esa falta de comprensión resulta lo más inspirador. Significa que mi cerebro está captando elementos de todas partes, como si estuviera creando un collage”, comentó.
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También explicó que parte de este cuarto álbum se creó caminando en la selva. Como una forma de adquirir energía contra la pesadez del sol y el calor.
“Mientras caminaba, las ideas para las canciones daban vueltas en mi cabeza, sin nada que me distrajera. Así que me pasaba el tiempo caminando por la selva, y fue de esa manera como compuse todo el material”, expresó.
Además, LA Priest considera que su música es su pequeño aporte para que las personas se encuentren más allá de las diferencias.
“A menudo nos formamos una imagen del mundo basándonos en los temas más polémicos y en las situaciones más conflictivas. Creo que, independientemente de dónde te encuentres, si observas cómo interactúan las personas en el mundo real a tu alrededor, obtendrás un indicador mucho más preciso de cuál es la situación real del mundo”, explicó.
“Basta con un puñado de personas codiciosas y poderosas para provocar una guerra o un conflicto. Sin embargo, esa clase de gente no está presente en la mayor parte del mundo real; en realidad, no influyen en cómo nos tratamos unos a otros, a menos que nosotros se lo permitamos”, finalizó.
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