La séptima oda de Poppy, Empty Hands, es un doloroso pero dulce estruendo en una nueva faceta de la artista.
Reafirmando su poderosa lírica, la música consolida su espacio musical dentro de la nueva rama del metal alternativo.
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Entre la furia y el melancólico amor, Poppy se consume en Empty Hands
Con una perfecta introducción en “Public Domain”, el séptimo álbum de Poppy arranca.
Como un himno que juega entre la dulce voz límpia y un marchante riff que prepara los oídos para lo que sonará dentro de los próximos 39 minutos.
A través de 13 tracks, escuchamos a una música melancólica, pero enojada. Dulce y áspera.
Que no es novedad, pues las letras compuestas por la artista siempre han estado plagadas de sinceridad y personalidad.
Una personalidad contemporánea y efímera. Que deja ver el estado de su mente en el momento exacto de la composición. Uno que no irá más allá de la producción misma.
Sonoramente Empty Hands es una reafirmación de lo que, pareciera, no logró en su producción pasada, Negative Spaces.
Mientras el sexto disco juega con multitonos que reflejan la personalidad sonora de Poppy. Empy Hands pareciera más una suerte de la tendencia que su productor Jordan Fish ha impuesto en los últimos años.
Un álbum plano que va en una sola dirección. Sin juegos multifacéticos, donde impera el “qué tan metal puede sonar Poppy”.
Los growls son evidentes en canciones como “Bruised Sky” y la pesadez de las guitarras en “Guardian” pareciera los “toques que le faltaban” a la música para consolidarse dentro de los oídos de sus consumidores.
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Emty Hands es un álbum lineal
Con 10 años dentro de la industria musical, Poppy ha explorado diversos sonidos.
Desde sus principios homologados en el pop cibernético de personaje. Pasando al pop catchy y el alternativo.
Queda claro que la música de la joven de 31 años es temporal y que en algún punto queda congelada en su tiempo y espacio.
En los últimos años la exploración dentro de géneros como el metal alternativo la ha posicionado como uno de los exponentes emergentes y prometedores de esta industria. Pero aún así, faltante de carácter, al parecer.
Un álbum que comenzó por el final de Negative Spaces, con el sencillo “Unravel”. Una balada melancólica que remarca el sonido del sintetizador y eleva la voz dulce de la cantante.
Una brecha sonora que es esencial previo al rebote de “Dying To Forget”. Un caos de pesadas guitarras e impresionantes growls enojados.
Si bien la mezcla es completamente limpia, no existe una suerte de sorpresa o de exploración hacia otros géneros.
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La personalidad de Poppy en Empty Hands
Con letras desgarradoras pero tiernamente melancólicas. Poppy deja, una vez más, en Empty Hands descubierta su alma.
Los procesos del dolor, el acercamiento mediante analogías entre su cuerpo, su mente y el entorno. Así como el sutil y embriagador enamoramiento fugaz está presente en esta producción.
Dejando en claro que Poppy ha crecido, y se ha liberado de algunos sentires y que otros la siguen apremiando hasta el punto de asfixiarla como en las revoluciones de “Eat The Hate”.
Un himno punk rock y el sencillo más destacado que rompe la linealidad y repetitividad de Empty Hands.
El séptimo material de Poppy es un impecable trabajo que cae en la monotonía sonora de los últimos años. Que no deja reparo en una exploración profunda y que puede sumarse a cómo deberían de sonar los nuevos exponentes del metal alternativo.



